domingo, 23 de noviembre de 2014

TIENE LAS MANOS SUCIAS DE SANGRE...

VERSIÓ EN CATALÀ

La podéis encontrar con la mirada perdida en los mapas.

No reconoce los caminos. Tiene las manos sucias de la sangre de los animales que vienen a morir a sus pies. Los acaricia, llora, los tapa con hojas secas que encuentra en los márgenes. Animales de tristeza cósmica que le ofrecen la sangre que vomitan antes de irse.

No sabéis lo que es estar perdida si no ensuciáis un mapa con una sangre que no sabes si es tuya o de la tristeza que te persigue para borrarte los deseos.

domingo, 5 de octubre de 2014

EL HIPOPÓTAMO DE MARY KINGSLEY


Mi trabajo de investigación sobre los dos niños ingleses del siglo XIX sigue avanzando. El ritmo es lento, tan lento que desesperaría a cualquier conejo blanco con reloj. Las lagunas son inmensas, insondables. Mi tendencia a la dispersión me está llevando a plantar un bosque de ramificaciones de donde aún no sé cómo saldré. Pido ayuda al reverendo Dodgson y sólo me contesta con juegos de palabras y besos en la frente. Que alguien le explique que no ya tengo cinco años, por favor. 

Todos los caminos de las últimas dos semanas conducen a Islington. ¿Cómo no me voy a dispersar? Islington me recuerda sin poder evitarlo el Neverwhere de Neil Gaiman. Extraordinaria novela prohibida en algunos lugares del planeta por contenido inmoral. Ay, Neil y sus ángeles oscuros. 

Por otra parte, Islington es el lugar de nacimiento de una de mis mujeres del XIX favoritas, Mary Kingsley, la reina de África, sobrina de Charles Kingsley de quien ya hemos hablado alguna vez. Mary viajó por África estudiando a las tribus, escandalizando a la iglesia anglicana, escalando montañas, navegando en canoa, atravesando selvas ... vestida con la misma ropa victoriana que habría llevado para tomar el té en Islington. Y con un paraguas. Un paraguas antihipopótamos. 

Mary navegaba en canoa por un río de África Occidental el día que se encontró cara a cara con un hipopótamo. El hipopótamo intentó tumbar la barca y Mary, asustada, cogió el paraguas y acarició al animal detrás de las orejas. El hipopótamo quedó tan sorprendido con esta nueva sensación que se fue sin tocar la barca. ¡Incluso los hipopótamos necesitan una caricia de vez en cuando! 

La mayor parte de mi tiempo tengo la cabeza en el siglo XIX, queridos lectores. Necesito encontrar un documento de vital importancia sobre mis dos niños victorianos. Todas las pistas me llevan al mismo lugar. Me cuesta tanto volver al siglo XXI cuando estoy tan cerca de desatascar el misterio...


martes, 16 de septiembre de 2014

SOAPY SMITH Y EL OTRO LADO DE LA FRONTERA


Podéis pensar, y con razón, que mi siglo XIX consiste en imaginar los diálogos entre la reina Victoria y Florence Nightingale; a trazar la ruta de los huérfanos de Dickens; a esperar que el señor Carroll me dedique un cuento; a emborracharme en compañía del sinvergüenza de Byron. 

Pero de vez en cuando, cuando llevo mucho tiempo asumiendo una sensatez de institutriz victoriana, pasa a saludarme gente como Soapy Smith, el mayor gángster que ha dado el Salvaje Oeste, el rey de los estafadores de la frontera. Me mira con los ojos lleno de pólvora, me trae recuerdos de Denver y me propone escapar a Alaska sin saber que lo matarán en el tiroteo de Juneu Wharf. 

No, Soapy Smith, no iré contigo. En Alaska hace frío y van a matarte. Mi frontera es otra. No busco oro pero quiero ver como Jefferson le compra Luisiana a Napoleón, quiero cruzar el país de este a oeste en el Pony Express 60 años después de aquella compra, tener siempre un pie en cada lado de la frontera: aquí los pioneros, los cowboys, los soldados, los bandidos, Calamity Jane. Allí los indios nativos, la incomprensión, Sarah Winemmuca, el Sendero de las Lágrimas de los Cheroquis, las sagradas Black Hills de los Sioux. 

¿Entiendes lo que es vivir siempre con un pie en cada lado de la frontera, Soapy Smith? 

Desear sólo dejar el caballo en la puerta del Saloon, pedir un zumo de tarántula, escuchar las historias de los buscafortunas, sentarse siempre mirando a la puerta de entrada. Lo sé, Soapy, que sólo podría entrar en el Saloon si fuera bailarina de can-can. Pero déjame un momento. Tengo un pie a cada lado de la frontera. 

Después volveré a casa, me bañaré para sacarme el olor a pólvora y caballo, le daré un beso en la frente al señor Carroll mientras un conejo blanco con sombrero y reloj nos observa al otro lado del espejo. 

Al otro lado de la frontera.

lunes, 25 de agosto de 2014

PRIMERA POSTAL DE LONDRES

VERSIÓN EN CATALÁN

Trazamos los vectores de un deseo caótico que nos lleva de un lado a otro de la ciudad. Nos desborda la sensación de conocerla bien, de saber exactamente qué esquina debemos girar para encontrarnos de cara con nosotros mismos hace cinco, diez, quince años. Jugamos a crear paradojas temporales, a cruzarnos con nuestros yoes pasados y futuros con la sana intención de provocar un colapso en el tejido del universo. Y que todo vuelva a comenzar. 

Que subamos de nuevo a ese avión, que volvamos a reconstruir la ciudad que se refleja en todos nuestros espejos. Que sea la primera vez que perseguimos ardillas drogadictas en Hyde Park, que sea la primera vez que nos acercamos a insultar a la estatua del maldito Peter Pan, que sea la primera vez que nos hacemos fotos en todas las estatuas de la Reina Victoria que nos encontramos. Que sea la primera vez que conozco al artista ruso y guapo que guardaba sus dibujos en una nevera en el mercado de Camden. Te tengo que explicar con calma lo de Peter Pan. Y lo de la Reina Victoria. Te tengo que explicar por qué no soporto Camden.

O podemos simplemente pasear con calma por el parque más cercano y buscar un sol medio fugitivo que nos transformará en flores gigantescas cuando aparezca. Flores humanas alzando un poco la barbilla, los ojos entornados y la sonrisa pequeña, tímida, de quien ha pasado demasiado tiempo deambulando entre la niebla. ¿Te has fijado? Cuando sale el sol en Londres todo el mundo camina un poco más lento y mira al cielo transformado en girasol.

lunes, 18 de agosto de 2014

¿QUIÉN DARÁ CUERDA A LOS RELOJES?

VERSIÓ EN CATALÀ

Si alguna vez los ángeles habitaron esta casa 

no lo recuerda nadie. 

El terror desmenuzado en la puerta de la cueva será el alimento 

de esta pesadilla hipnótica de relojes parados. 

¿Quién dará cuerda a los relojes ahora que los ángeles han huido de la casa? 

Ahora que la desmemoria nos respira y nos deshace.

lunes, 28 de julio de 2014

EL PUENTE SOBRE EL RÍO ADIGE

VERSIÓ EN CATALÀ

Abandono la soledad de los cementerios victorianos, la hora del té, la lluvia que molesta con delicadeza y todos los verdes que provoca. Dejo atrás la voz de Neil, los anticuarios, los parques, el agradecimiento que sentimos cada día que sale el sol porque sale poco. Y llego a Italia. 

Por el Reino Unido me gusta viajar sola porque muy poca gente entiende exactamente qué voy buscando. En Italia me acompaña, según la época, la familia, las amistades, las amistades de las amistades ... La certeza inapelable de la puerta siempre abierta, el café siempre a punto. 

Llegar a Verona es como llegar a casa. Las mismas calles de siempre, la misma manera de perderme, de buscar el río, los puentes, nuestro café Coloniale donde descansar y ponernos al día, las librerías, la puerta del supermercado donde si esperas el tiempo suficiente pasan cosas bonitas. 

Lo más bonito de Verona es el río Adige. El paisaje acuático, el Ponte di Pietra, Castelvecchio. Enrico, uno de los profes de la escuela donde vinimos a hacer un curso de italiano hace tres años, nos cuenta historias de la Segunda Guerra Mundial: cómo los alemanes, sabiéndose ya perdedores, ordenaron destruir todos los puentes de la ciudad, cómo intentaron salvar el Ponte di Pietra que era el más antiguo y cómo saltó por los aires el 25 de abril de 1945. Nos explica cómo pudieron reconstruirlo terminada la guerra de manera que parece tan antiguo como era antes de destruirlo. Y de cómo el Ponte Vecchio de Florencia se salvó. 

El río da a la ciudad la vida y la muerte. Hablamos de las inundaciones del siglo XIX, de los héroes, de los molinos de harina que ocupaban la orilla, de la costumbre veronesa de comer un helado sentado junto al río. 

Y alrededor del río las plazas, la Piazza Bra, la Piazza Erbe ... En mi memoria la Piazza Erbe siempre permanecerá como la primera vez que la vi decorada de Navidad, las luces, los dulces, la escarcha ... 

Huid de la Casa de Julieta y de la macabra decadencia de ponerle un candado al amor. La estatua de Julieta es bonita y dulce pero nadie la mira realmente. Tropas de turistas zombificados entran sin mirar al patio de la casa, con una sonrisa ridícula y casi obscena. Todo el mundo se hace fotos con la estatua de Julieta, todo el mundo ensucia las paredes con frases ridículas, todo el mundo deja un candado, un símbolo de la esclavitud, como promesa amorosa de eternidad. Pero la eternidad es mentira y menos si hay un candado por medio. 

Si Shakespeare levantara la cabeza y viera a qué ha quedado reducida su poco original obra, iría a ahogar las penas a orillas del río Adige, sin duda el paisaje más bonito de Verona.

Río Adige. Castelvecchio. Verona

domingo, 13 de julio de 2014

LA TRISTEZA DE LA MUÑECA ZAPATO


Los niños no siempre han sido niños. Y por desgracia todavía no lo son en muchos lugares del mundo. A menudo la infancia es un lugar brillante y tenebroso a la vez, los objetos hablan, los monstruos nos vigilan, los bosques aparecen llenos de amenazas y de promesas ante nosotros, los adultos han olvidado su propia infancia, en el mejor de los casos, y no nos pueden ayudar. También hay pequeños momentos de triunfo, risas y días larguísimos al sol. Pero la lucha contra la oscuridad es esencialmente infantil. 

El Museo de la Infancia de Edimburgo se puede visitar en la Royal Mile. La sorpresa y la inquietud nos acompañarán durante toda la visita a lo largo de las cinco plantas donde se alinean todo tipo de utensilios infantiles y juguetes. Desde material escolar de finales del siglo XIX hasta cientos de muñecas de todo tipo y época, juguetes musicales, visuales, bicicletas, vehículos en miniatura, recortables, juegos de mesa ... 

Aparte de la extraordinaria colección de juguetes que desde 1955 se exponen al público, el museo también recuerda cómo era la vida de los niños del siglo XIX y principios del XX. 

Los que pertenecían a familias acomodadas eran preparados para la vida adulta. Los que pertenecían a las clases pobres trabajaban en la mina o sobrevivían en la calle. 

De todos los paneles explicativos y objetos que podemos ver en el museo me ha impactado de manera especial el apartado dedicado al trabajo infantil en el XIX y principios del XX: un par de zapatos infantiles, un gorro con linterna y una muñeca de aspecto profundamente triste. Una muñeca hecha con un zapato que pertenecía a un niño pobre de los suburbios de Londres de 1905. Una muñeca sin rostro, un zapato vestido con trapos con la que aquel niño trataría de luchar contra la oscuridad de su vida infantil. 

Muñeca-zapato (1905) Museum of Childhood. Edinburgh. Scotland.

Debajo de esta muñeca-zapato tan triste se expone un ejemplar de The Water-Babies que Charles Kingsley publicó en 1863, dos años antes de publicarse Alice in Wonderland y que reseñé en su momento en este enlace. Bello cuento de hadas donde se describe el trato que recibían los niños que limpiaban chimeneas en aquella Inglaterra que despertaba a la industrialización mientras las hadas terribles de los cuentos infantiles intentaban sin éxito salvar su inocencia.